¿Alguien puede operar a Roamsa, por favor?

Nuestra gran Amiga Roamsa.

Roamsa vive en Nablus, apenas conserva un 3% de la visión, tiene doce años y este verano formó parte del grupo de niños palestinos que pasó un mes de vacaciones en España.

En varios hospitales de Madrid y Cáceres le confirmaron que en octubre sería completamente ciega pero ninguno le hizo la operación que le permitiría conservar la visión porque no tenían suficiente personal por las vacaciones.

A 700 metros de su casa , las primeras colonias israelíes, limpias, elegantes y floreadas, desde donde llueven disparos cada pocos días. Y donde hay médicos que salvan los ojos de los niños como Roamsa.

Roamsa junto a sus hermanos en la casa de sus abuelos.

Roamsa tiene unos ojos enormes, penetrantes, negrísimos, ojos nerviosos, alerta siempre, como si estuviera ávida por reconocer los colores y los brillos de la vida. Sería lo normal de una niña inquieta de 12 años, pero Roamsa engaña: sus ojos no ven más que un 3% de lo que sería normal en un chiquillo sano de su edad y si los mueve tanto, si los fija tanto en los escalones, entre las piedras, en las esquinas de los muebles, es porque teme un golpe, uno más de los muchos que se ha llevado desde que a los siete años comenzó a perder la visión. Roamsa sufre una rara enfermedad genética que afecta también a sus tres hermanos; hoy no ve nada con uno de sus ojos y se defiende como puede con las formas que aún distingue con su ojo gemelo. Así nos recibe, pegada al televisor, intentando distinguir cuál es el coyote y cuál el correcaminos.

Esta niña delgadísima y silenciosa malvive en el campo de refugiados palestinos de Asqar (1.700 habitantes), en la ciudad cisjordana de Nablus. La acompañan su madre, servicial anfitriona que reparte al extraño los bombones que no puede regalar a sus hijos, y sus tres hermanos pequeños. El segundo de ellos va por su mismo camino y una sombra blanca cubre ya su ojo izquierdo. Malos tiempos, dice la madre, Amira, abatida, con un rostro viejo de siglos sin tener aún ni 30 años, harta de mendigar para pagar los 50 euros en medicinas que necesitan sus hijos cada mes. Calla cuando habla del mal que les afecta, una dolencia hereditaria que podría tener solución en un hospital israelí pero que, por eso mismo, no tiene solución. “¿Quién pagaría esa operación? Israel no, desde luego. Nosotros no tenemos los hospitales que se necesitan para una intervención así y ellos mientras nos niegan el permiso médico para poder curarnos en sus ciudades. No hay salida”, explica Ameer Almasri, voluntario de la ONG española Paz Ahora, que hace de cicerone por Asqar.

Ameer fue uno de los monitores que este verano acompañó a 56 niños palestinos a España para pasar un mes de vacaciones, lejos de la miseria y la violencia. Roamsa formó parte de esa expedición y la ONG aprovechó el momento para hacerle varias pruebas médicas a las que no tiene acceso en Palestina. Se movieron en Madrid y en Cáceres, las ciudades en las que la menor pasó julio, pero nadie se comprometió a ayudarla. “Siempre recibimos la misma respuesta, nos decían que era verano y los médicos estaban de vacaciones, que no podían programar una intervención de urgencia en un momento en el que faltaba personal”, añade Kamal Aboshaqdam, portavoz de la asociación en Cisjordania. Quedaron en que algún médico les llamaría, pero a día de hoy no hay respuesta. Nada. “Y eso que nos avisaron de que, si en unos dos meses no era operada, perderá toda la visión”, insiste Ameer. Ese plazo expira a finales de octubre. La niña regresó a su campamento con los demás compañeros de expedición y nunca más se supo, de ahí que Paz Ahora lance de nuevo su aviso y pida ayuda para esta cría. Lo único que necesitarían, apunta Aboshaqdam, es un hospital dispuesto a ayudar y los pasajes para su madre y un voluntario de la ONG que le haga de intermediario y traductor. “Con eso basta”.

El drama de Roamsa no se limita a su visión nublada, sino que arrastra otras pesadas marcas de la vida del refugiado palestino. A veces no atiende a quien la llama, a veces llora sin motivo aparente, a veces ataca hasta a su madre y se muestra violenta con los vecinos. Es su reacción desde que vio morir a su padre, a quien soldados israelíes mataron en un ataque a Nablus al final de la Segunda Intifada. “Tiene problemas psicológicos desde entonces y un miedo atroz a quedarse sola”, cuenta Kamal. Por esos brotes no puede acudir con normalidad al colegio que la UNRWA tiene en su campamento, ni atender a sus hermanos pequeños cuando su madre sale a mendigar el único dinero con el que se alimentan en esa casa. Muerto el padre, la madre no ha encontrado trabajo en estos años, en una zona como Cisjordania en la que el paro supera el 42%. Viven de la limosna que le dan los vecinos de la ciudad y, en meses muy contados, con la ayuda de la Autoridad Nacional Palestina.

Perdieron su casa y ahora se resguardan todos en una habitación de 15 metros cuadrados en la casa del abuelo, en la que también viven dos hermanos de Amira y sus respectivas parejas. Es la vivienda más pobre del poblado, levantada en la última tierra firme de la ladera, hecha de tablones de madera, hormigón mal puesto y vallas de alambre oxidadas. Apenas a 700 metros, las primeras colonias israelíes, limpias, elegantes y floreadas, desde donde llueven disparos cada pocos días. Y donde hay médicos que salvan los ojos de los niños como Roamsa.

15.09.2010 · Carmen Rengel · Nablus · (Cisjordania)

me apena decirlo pero hay varios datos falsos en tu noticia….las fuentes(hay que veo que sólo hay una en la noticia) hay que contrastarlas…y poseer un apoyo por si se caen…es decir al menos leer esos informes…y te lo digo porque conozco el tema de cerca. La niña no se va a quedar ciega en 15 días y tanto la ong como los voluntarios de la plataforma de Cáceres hicimos todo lo que pudimos aquí(en españa). Es más la niña probablemente vuelva con un historial médico y con su familia….Querida Carmen hagamos un periodismo de rigor y sobre todo no derrotista!!!

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